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27 Jul
27Jul

Estaba en una reunión conversando acerca de Salmos 83 y meditábamos como Asaf nos conduce a intercesión por Israel para la destrucción de sus enemigos (Vs. 9-15), pero al mismo tiempo ora que ellos conozcan al Señor (Vs. 16-18). Yo escuchaba a mis hermanos, pero mi mirada no se quitaba del dibujo en blanco que trae impreso mi biblia justo a lado de esta escritura, pensé “esto tiene forma de un corazón” y bajo mi perspectiva empecé a ver como si llamas de fuego lo elevaban y el hecho de estar a la altura de la cima de la montaña llamó más mi atención. 

Una de las formas que el Señor me habla es conduciendo mi mirada a algo y cuando me percato que no puedo parar de observar la mayoría de las veces significa que el Espíritu Santo está iniciando una conversación para traerme su dulce y reveladora voz.

Esta pregunta no salía de mi cabeza ¿Cuánto debe ser procesado nuestro corazón para tener una intercesión como la de Asaf? Cuando menciono procesado viene a mi mente un trabajo arduo de limpieza y refinación y quién mejor que nuestro Dios con toda nuestra disposición nos introduzca en su fuego santo y purificador. 

Cuando se trata de interceder por aquello que amamos no lleva dificultad hacerlo, pero que hay al hacerlo por los que podríamos llamar enemigos. En la escritura de Salmos 83 nombra 10 naciones que en los postreros tiempos se levantarán a destruir a Israel, su deseo es que no haya más memoria del nombre de Israel en la tierra (Sl 83: 4). Las escrituras son específicas en decir que Dios anhela que todos vengan al arrepentimiento (2 Pedro 3:9) y si ese es el deseo de Dios para los enemigos de Israel, el nuestro debe ser igual. 

Escribo esto y admito que mi corazón necesita llegar a ese nivel, somos muchos los que amamos el plan redentor de Dios con Israel y cuando sepamos que literalmente empieza a suceder a los términos que señala este salmo surge en mi esta oración “Padre llévame a tener un corazón conforme al tuyo, que cuando escuche tu voz arda mi corazón por orar, accionar en lo que es tu perfecta voluntad y no por lo que siento o me parezca justo”. 

Y se decían el uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras? Lucas 24:32 

El llamado a la santidad 

Una madrugada escuché una voz que dijo “Deuteronomio 7:7”, rápidamente anoté el texto antes que pudiera olvidarlo, esto es lo que dice: El Señor no te dio su amor ni te eligió porque eras una nación más numerosa que las otras naciones, ¡pues tú eras la más pequeña de todas! 

Comparto el contexto de este versículo donde se refiere que el Señor se encargaría de abrir camino a Israel quitando las naciones que estaban ocupando la tierra prometida:  

Cuando el Señor tu Dios te lleve dentro de la tierra donde estás a punto de entrar y que vas a poseer, él te abrirá camino quitando de tu paso a muchas naciones: los hititas, los gergeseos, los amorreos, los cananeos, los ferezeos, los heveos y los jebuseos. Esas siete naciones son más fuertes y numerosas que tú. Cuando el Señor tu Dios las entregue en tus manos y las conquistes, debes destruirlas por completo. No hagas tratados con ellas ni les tengas compasión. No te unas en matrimonio con su gente. No permitas que tus hijas ni tus hijos se casen con los hijos o las hijas de esas naciones, porque ellos harán que tus hijos y tus hijas se aparten de mí para rendir culto a otros dioses. Entonces el enojo del Señor arderá contra ti, y pronto te destruirá. Lo que tienes que hacer es destruir sus altares paganos, hacer pedazos sus columnas sagradas, derribar sus postes dedicados a la diosa Asera y quemar sus ídolos. Pues tú eres un pueblo santo porque perteneces al Señor tu Dios. De todos los pueblos de la tierra, el Señor tu Dios te eligió a ti para que seas su tesoro especial. 

Claramente el Señor me estaba hablando del territorio de mi corazón como algo que tenía que ser limpiado, para esto debía arder en fuego todo aquello que estaba de más y no incluía su voluntad. 

Respecto a las escrituras, este despojo de la tierra era necesario para que Israel tome posesión de lo que Dios había prometido, no sería de un día hacia otro ni tampoco una tarea fácil, era un destino formándose donde Dios e Israel debían trabajar juntos. Las consecuencias de no hacerlo eran bastante claras. 

Oro para que en la gracia de Jesús seamos capaces de decidir despojar, quitar, desarraigar en unión con Dios, todo aquello que está en nuestro corazón que impide el fluir del fuego santo de Dios. 

Con un estilo de vida así, tendremos un corazón de fuego que se ejercita constantemente en obedecer a Dios, derribando ídolos y dejando que ese espacio sea exclusivamente para Él, para amarlo con toda nuestro corazón, mente, alma y fuerzas. 

Purifícame con hisopo, y seré limpio; Lávame, y seré más blanco que la nieve. Hazme oír gozo y alegría, Y se recrearán los huesos que has abatido. Esconde tu rostro de mis pecados, Y borra todas mis maldades. Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, Y renueva un espíritu recto dentro de mí. No me eches de delante de ti, Y no quites de mí tu santo Espíritu. Vuélveme el gozo de tu salvación, Y espíritu noble me sustente. Entonces enseñaré a los transgresores tus caminos, Y los pecadores se convertirán a ti. Salmos 51:7-13


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